Introducción:
Desde el momento de la concepción, heredamos no solo los rasgos genéticos de nuestros padres, sino también una carga energética que nos influye de manera inconsciente.
Durante los nueve meses de gestación, el feto no solo se desarrolla a nivel biológico, sino que también se impregna de emociones, miedos y patrones de comportamiento de la madre y del entorno cercano. Este fenómeno, muchas veces ignorado o minimizado, puede influir profundamente en nuestra personalidad y forma de ver el mundo.
En este artículo, exploraremos cómo estas herencias inevitables afectan nuestro comportamiento y cómo podemos tomar conciencia de ellas para lograr un mayor autoconocimiento y liberación emocional.
Las inevitables herencias: Patrones de conducta
Aunque el concepto pueda generar rechazo, es innegable que heredamos de forma natural miedos, inseguridades y comportamientos que nos son impregnados desde nuestra gestación.
Tanto la carga genética de la semilla como el entorno materno durante la gestación ya contienen códigos que influyen en nuestra vida. Durante estos nueve meses, el feto está inevitablemente impregnado de todas las energías que lo rodean, principalmente las de la madre, pero también las del entorno familiar y social.
Esto puede hacer que integremos en nuestra personalidad temores, comportamientos o formas de reaccionar que, en muchos casos, nos llevan a cuestionarnos: ¿Por qué soy así? ¿De dónde viene esta sensación? También puede ser percibido como algo que no es propio.
Debido a que estos temas a menudo son considerados tabú, muchas veces no se les da la atención necesaria y pueden permanecer ocultos sin una comprensión real de su origen.
Genética y energía: Herencias inevitables
Más allá de las creencias limitantes que podamos adquirir a lo largo de nuestra vida, hay dos herencias que son ineludibles: la genética y la energética.
Resulta curioso pensar que podemos incorporar en nosotros mismos lo que en realidad no nos pertenece. Factores externos pueden condicionar nuestra vida futura, convirtiéndose en parte de nuestro carácter, emociones y experiencias.
El rechazo automático a aceptar esta realidad puede hacer que permanezcamos en un estado de negación, sin darnos cuenta de que, al no tratar estos aspectos de manera consciente, los interpretamos simplemente como defectos o rasgos de nuestra personalidad que no comprendemos.
La revelación: Reconocer la herencia en nosotros mismos
Lo más impresionante es que, a veces, se necesitan años para darnos cuenta de cómo estas herencias influyen en nosotros. Un día cualquiera, tras escuchar una simple frase o recibir una información relevante, podemos llegar a una revelación: ¡Esto lo heredé de mi padre o de mi madre!
Este descubrimiento puede suponer una gran liberación, ya que nos permite comprender que ciertos aspectos de nuestra personalidad no surgen de la nada, sino que tienen un origen concreto.
Si aplicamos esta reflexión de manera consciente, podemos desarrollar una nueva visión sobre nosotros mismos. Esto nos ayudará a observar con mayor atención nuestros patrones de conducta y a identificar cuáles de ellos provienen de nuestras familias, de manera inconsciente y subconsciente.
Reflexión final:
Liberarnos de lo que no es nuestro
A simple vista, esta información puede parecer poco relevante, pero para quienes la consideren valiosa, representa una poderosa herramienta de autoconocimiento.
Entender la influencia de la herencia genética y energética nos permite tomar las riendas de nuestra vida y liberarnos de posibles cargas emocionales que, en realidad, no nos pertenecen. En muchos casos, estas cargas pueden haber sido transmitidas de generación en generación sin cuestionamiento alguno.
Tomar conciencia de estas herencias nos da la posibilidad de transformar nuestra experiencia de vida, eligiendo de manera consciente qué queremos conservar y qué podemos soltar para vivir de una manera más auténtica y libre.



